El Harén
La tibia luz de la media tarde de sedoso halo, se deja sentir en el fresco aposento, el sofoco estival se distrae entre las cortinas y esteras y los amplios muros embozan sensualidad de estirpe lejana, el color se evapora como por hechizo y entre amalgama de grises surge la escena que evoca viejas leyendas.
El suelo de barro rajado, testigo de la lujuría, es hollado con pies descalzos de la mujer de oscuros cabellos y ojos rasgados, entregándose como cálido lecho amatorio de la sensual figura que lo abraza como amante apasionado y del delirio nace un romance que jamás fue relatado.
Fueron las veleidades las que con su magia la engendraron, entre azahares y bálsamos, en ninfa idolatrada de piel de color de las almendras tostadas, sutil cuerpo altivo cincelado en nácar de gráciles facciones y corazón embrujado fue cómplice del fuego que dichos quebrados al son del fandango un dia loaron.
Entre juegos libidinosos, ya en el ocaso, la voluptuosa ninfa posa junto al dintel seduciendo al vídrio que la apresa en serena obra de arte.
Antonio Cabello, director de la revista Arte Fotográfico